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Redactado por: Marcelo Chuquitapa

Editado por: Valeria García

Durante las últimas décadas, los comicios electorales no han sido más que una subasta de propuestas populistas para ganar votos; lamentablemente, ha funcionado en la mayoría de los casos. Un país donde la carrera política no puede estar desligada de un vínculo directo con casos de corrupción o algún abuso de poder. Un país donde un delincuente tiene más derechos que una víctima de este. Un país donde la política, en todas sus sendas, no beneficia a la población, sino que enriquece a los funcionarios públicos. La política no ha cambiado en los últimos años, mantiene su inmensa diversidad de partidos y el fraccionamiento de un país ya golpeado por las diferencias sociales, económicas y demográficas. Ya no existe esperanza en la política peruana, pues hace años esta dejó de existir.

Runciman (2014) señala que la política se basa en un pacto social entre individuos para que el soberano tome decisiones en representación del común. Pero ¿qué sucede cuando los individuos no se sienten representados por ninguno de los postulantes al puesto de soberano? solamente les queda escoger al “mal menor”. Estos políticos escogidos tienen la responsabilidad de satisfacer las demandas sociales y velar por la estabilidad del país, por ello deben de estar dispuestos a “ensuciarse las manos” durante su gobierno, ya que no se puede satisfacer a todas las partes y siempre habrá un grupo que se vea perjudicado o que no sea beneficiado. Entonces ¿dónde queda el político que debe satisfacer la necesidad de la población? Simplemente se escogió a alguien que postulaba a este cargo para beneficiar a los suyos y no por contribuir a la mejora del país, en muchos casos ni tienen experiencia sobre decisiones políticas.  En el contexto actual, Harari (2020) ha señalado que las decisiones políticas han sido relevantes para combatir la pandemia que se vive a nivel global, estas debieron tener un balance entre las áreas de salud, economía y social. Sin embargo, cuando los hacedores de política no lo ven así y continúan sin hacer grandes cambios, el país entra en una crisis sanitaria, económica y social donde las principales culpables son las instituciones endebles. Y cuando uno busca ser parte de estas instituciones, o te ensucias las manos o te ensucian las manos, no tienes otra alternativa a pesar de las buenas intenciones.

En el Perú, pocos son los políticos que son recordados por su buen accionar durante su periodo en el poder. En contraparte, los últimos seis ex-presidentes han sido o continúan siendo investigados por diferentes delitos tras su mandato. Por lo tanto, si la máxima autoridad del país se encuentra involucrada en actos de corrupción, que se espera de un gobernador regional o distrital, donde la fiscalización es mínima. Lo irónico de la política peruana es que las mismas instituciones encargadas de fiscalizar estos actos, terminan presentando casos de corrupción interna e investigándose a sí mismas. Si a esto le sumamos el concepto aludido por Vergara (2013) sobre el crecimiento infeliz del país genera una radiografía casi exacta de lo que sucede con la política nacional, que el crecimiento económico no representa el crecimiento social de un país. 

Por este motivo, se estandariza que el prototipo de un político se ve más vinculado con actos de corrupción o aprovechamiento de cargo que con actividades en beneficio social, que debería ser el fin de un representante de la población. Durante la temporada electoral es común escuchar  que solo queda escoger el mal menoro que robe pero que haga obras, lo cual refleja, una vez más, el descontento social con la clase política en un país que no encuentra un atisbo de luz al final del túnel. 

La actual crisis sanitaria ha desnudado todavía más la decadencia de nuestra clase política y el subdesarrollo en el que aún se encuentra el país. Gianella y otros (2021) muestran cuán desastroso ha sido el manejo político de la pandemia a los ojos del mundo, ubicándonos como uno de los países con el peor control de la pandemia.Estas autoras han señalado cómo el déficit en el sistema de salud nacional generó que una mayor cantidad de personas contraigan el virus sin poder ser atendidas. Este déficit se debe, entre otras razones, a un proceso de descentralización mal ejecutado según el cual el Ministerio de Salud otorga facultades de control a los gobiernos regionales sin contemplar fondos para auditar su gestión de los recursos. Las investigadoras también ponen en la mira a las asociaciones público-privadas pues consideran que han sido otro factor determinante para que los deficientes resultados en cuanto al control de la pandemia. Todo indica que la clase política no asumió con responsabilidad su labor  de brindar un servicio de salud de calidad al país, sino que se llenaron los bolsillos y dejaron a su suerte a gran parte de la población, tal como lo han hecho durante las últimas décadas.

La política en el Perú murió hace muchos años, probablemente nunca existió, y hasta hoy en día no ha encontrado el rumbo adecuado para que sea revalorada por la población. La actual situación electoral lo revela, además de lo quebrada que está la población como consecuencia del mal accionar político en el pasado. La desfachatez de los políticos para robar a diestra y siniestra, cuando el país está convulsionando por una crisis total, demuestra que el Perú no está listo para confiar en los políticos y que la política ya no es una esperanza a futuro.

En conclusión, creo que no hay indicios de que la política vuelva a estar presente en el país. La crisis ha demostrado lo que durante años varios periodistas y personas de a pie han criticado: las carencias institucionales del país. Ex presidentes procesados, congresistas con denuncias de todo tipo, instituciones contraloras atacadas por la corrupción que se supone deben combatir… ¿Cómo podría ver la población a los políticos? Los han estereotipado como ladrones, con justa razón. Sea cual sea el gobierno de turno, el Perú siempre podrá estar peor y en esa dirección parece dirigirse. Quizá una respuesta a la incógnita de saber en qué momento se jodió el Perú sea que siempre estuvimos jodidos. Entonces, ¿existe política en el Perú o simplemente es una formalidad de la democracia establecida? 

Bibliografía:

Gianella, C., Gideon, J., & Romero, M. J. (2020). What does COVID-19 tell us about the Peruvian health system?. Canadian Journal of Development Studies/Revue canadienne d’études du développement, 1-13. https://doi.org/10.1080/02255189.2020.1843009

Harari,  Y. (26 de febrero de 2021). Lessons from a year of Covid. Financial Timeshttps://www.ft.com/content/f1b30f2c-84aa-4595-84f2-7816796d6841

Runciman, D. (2016). Política. Turner.

Vergara, A. (2013). Ciudadanos sin república: de la precariedad institucional al descalabro político. Lima, Editorial Planeta.

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