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Redactado por: Bruno Herrera

Editado por: Guillermo Villegas

BA: ¿Desde qué edad eres de izquierda?

A: Desde el año 2006, cuando yo tenía 7 años.

BA: ¿Y eres denominacionalista?

A: ¿Me puedes informar sobre ello? Por favor.

BA: Me refiero a si te haces llamar trotskista, marxista leninista, anarquista, etcétera…

A: De cierta forma, si se refiere a una persona en particular, sería yo un obradorista, en referencia a Andrés Manuel López Obrador. Mi presidente, el primer presidente de izquierda en México; pero si es respecto a posturas, soy de izquierda y progresista. ¿Tú te consideras denominacionalista?

BA: Soy muy iconoclasta la verdad. A veces estoy en esto y aquello, pero siempre soy yo.

A: ¿A qué te refieres con iconoclasta?

BA: Desconfío de los liderazgos. Eventualmente la autocrítica lleva a la decepción…y así (me sucede) con todos. Para hacer política convencional tienes que creer y me cuesta.

A: Pero el exceso de crítica no debe sustentarse con apatía, si no con consciencia social y con conocimiento de la historia. ¿Qué es la política sin creer ni confiar? Es nada. Es como si le restaras la lógica a la computación.

BA: Sí pues, quizá por eso soy aceleracionista. Creo en un mundo sin política y eso solo viene de dos formas: un mundo que haya alcanzado la singularidad tecnológica o un mundo sin humanos. De los dos, prefiero lo segundo.

A: Pero eso sería ir en contra de tu propia especie, bajo el argumento que sea. Lo de la singularidad es una alternativa que jamás deberá ser posible, no debemos dejar que la tecnología nos supere aún más y nos robe nuestra humanidad. Es incongruente, una postura muy radical e inclusive apocalíptica.

BA: El apocalipsis sería que el hombre exista indefinidamente, mi estimado. Al menos, esa es mi manera de ver las cosas. La continuidad de nuestra especie no impide que se haga daño a sí misma, especialmente a través de dinámicas de poder. Y no solo se limitará a su autodestrucción, sino que reproducirá esas prácticas en contra de todo su entorno.

A: No, lo problemático es que el tiempo que dure nuestra especie no sea en sintonía con la naturaleza y no se base en el beneficio armonioso de la comunidad. Además, las dinámicas de poder y la política son necesarias, de lo contrario, ¿cómo organizas varias sociedades y culturas que suman más de 7,000,000,000 de individuos?

BA: No deberías, en primer lugar. Nuestra especie ya pasó el punto de no retorno hace mucho, me parece. Para hallar ese equilibrio tendrías que decrecer y créeme que muy pocos lo harán por las buenas. Habría que valerse de medios contrarios al socialismo y la libertad al mismo tiempo para lograrlo.

A: No seas tan caótico, hermano. A veces ese pensamiento caótico se basa en el hartazgo y, una vez que se materialice, esperaremos hasta nuestro último aliento que se revierta lo que pudimos evitar. Aún no colapsamos y, además, no necesariamente se basa en la cantidad de población, si no en la mala distribución de los recursos y en que la contaminación es producida por unos «pocos» que concentran la mayoría de las riquezas. Es en esa búsqueda de concentrar la riqueza que generan más problemas, injusticias y caos.

BA: No estoy harto, ahora estoy interesado: quiero ver qué pasa después. El colapso no es ni evidente ni repentino y lo de la distribución sería salvable si el paradigma no fuera urbanizador, maximizador y de “superación personal”. Por esa razón, el problema de los ricos es el mismo de los pobres: son humanos. ¿Por qué el hombre se ha reproducido tanto? ¿Por qué ahora se habla tanto de capital humano y capital social? ¿No crees que la humanidad se está volviendo, en todas sus dimensiones, un insumo más de la producción?

A: Porque la reproducción mayormente es exponencial, no aritmética. La humanidad como característica, se mercantilizó gracias al neoliberalismo y el capitalismo, sistemas impuestos por los gobiernos de derecha y bajo la orden a la fuerza de Estados Unidos en la guerra fría. La justa distribución de los recursos jamás tendrá los paradigmas que mencionas y jamás los ha tenido. Y no me parece que ser humanos sea el problema de ricos y pobres. Es una forma “amable” de justificar los malos actos dimensionando las cosas a su mínima expresión.

BA: No estoy tratando de indultar a nadie. No tendría sentido que propugnara la extinción de todos. Pero dudo que el mundo haya estado mejor antes del capitalismo; el elogio del manifiesto [comunista] no fue en vano, creo. Por otro lado, lo de los paradigmas lo digo por una cuestión empírica, no de mala fe.

A: El mundo no era perfecto antes, pero no tenía el caos al que nos arrojó el neoliberalismo y el capitalismo. Si antes estábamos “mal”, ahora estamos peor. Los ricos son plenamente conscientes de lo que hacen, mas no se hacen responsables por lo que hacen en la búsqueda de hacerse ricos a costa de todos. Bien dicen por ahí: «La ganancia es privada y la deuda es pública».

BA: No creas que todos son conscientes. Los ricos los hay de muchos tipos y los pobres de otros tantos. Hasta Žižek reconoce que idealizar a los pobres y demonizar a los ricos es un error anacrónico de la izquierda [1]. Para mí, es clara la existencia del lumpenproletariado más allá de una simple categoría caprichosa de Marx [2]. Acá (Lima) votarían por Lucifer si este les ofreciera pan y circo. Seguirían viviendo en su miseria y despreciando sus orígenes rurales, totalmente desprovistos de identidad.

A: Ese tipo de decisiones se toman por el clasismo, el aspiracionismo y por el miedo de que gane la izquierda gracias a que la misma gente se deja manipular por campañas de miedo y odio. Sí, podemos organizar sociedades de miles de millones de habitantes en armonía con la comunidad y la naturaleza, pero solo podemos hacerlo sabiendo tomar el rumbo correcto.

BA: ¿Y cuál es ese rumbo?

A: Un proyecto político radical e impopular para los privilegiados.

BA: ¿Radical? ¡Radical mi propuesta!

A: Lo tuyo no solo es radical, es caótico y apocalíptico.

BA: Hace tiempo pensaba como tú, pero luego me di cuenta de que los intentos de “arreglar” al mundo solo generan más problemas. La bola de nieve rueda cuesta abajo y se densifica, hasta la eternidad. El sufrimiento, como el crecimiento poblacional, se vuelve exponencial…

A: No necesariamente, pero hay que hacer algo y claro que el cambio y los beneficios tardan en aparecer, pero debe haber un antes y un después. Un cambio radical y un punto de partida.

BA: …Estamos peor, no por culpa del capitalismo, sino porque somos más.

A: Claro que no, es una forma de obviar todo.

BA: Le tienes mucha fe al hombre.

A: ¿Y por qué habría de perderse la fe?

BA: Porque la esencia sigue siendo la misma. Antes lo hacíamos con palos y piedras, ahora lo hacemos con misiles Tomahawk. Por ello y más, Anatoly Rybakov dejó muy clara la solución, aunque, con otros propósitos, no se haya dado cuenta: No man, no problem [3].

Fin de la primera parte

Notas bibliográficas (en orden de aparición):

[1] Ver también Karnani, A. (2011). Romanticizing the poor. In Fighting poverty together (pp. 85-   109). Palgrave Macmillan, New York.

[2] Gallino, L. (2001). Diccionario de sociología. Siglo XXI. [3] Rybakov, A. (1989). Children of the Arbat (Vol. 1). Dell Publishing Company.

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