¿Cómo decidimos nuestro voto?

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Redactado por César Yupari

Editado por Diana Martens

El voto actual en el Perú ha implicado una conquista progresiva de nuestros derechos políticos. Durante casi todo el siglo XIX, el voto fue indirecto, es decir, se dio por medio de dos fases de sufragio. En la primera fase, los que votaban eran hombres mayores de edad (25 años, hasta 1839) para que luego, en una segunda fase, un cuerpo colegiado de representantes elegidos decidiera quién iba a asumir la presidencia. A pesar de lo que intuitivamente se pueda pensar sobre esta época, el voto de los hombres no estaba limitado solo a aquellos que sabían leer y escribir. Desde 1895 en adelante, el universo de votantes se restringió a los hombres letrados mayores de 21 años. Además, el voto dejó de ser indirecto, con lo cual el presidente era elegido por voto popular (Rojas, 2018).

Entrado el siglo XX, se dan dos hitos que modificaron para siempre la historia de las elecciones en el Perú: la extensión del voto hacia las mujeres (1956) y hacia los analfabetos (1979). La Constitución de 1979 introdujo cambios importantes para el sistema electoral y una ampliación de los derechos políticos de los peruanos. El resultado de estos cambios fue lo que hoy conocemos como voto universal: todas las personas mayores de 18 años pueden votar (hombres, mujeres y analfabetos por igual). Estas nuevas coordenadas del voto moderno se han mantenido hasta la fecha y han tenido consecuencias decisivas en la forma cómo las personas deciden su voto y en la manera que los políticos tratan de obtener su respaldo en las urnas.

¿Qué motiva el voto de las personas? Teoría y ejemplos

La respuesta a esta pregunta es uno de los misterios sin resolver de la democracia moderna y no han sido pocos los que, en otras latitudes, han ensayado posibles teorías al respecto. Por ejemplo, desde la década del año 40 del siglo XX, existen estudios basados en encuestas de opinión pública en Estados Unidos que han tratado de explicar el voto de los norteamericanos sobre la base de variables como el sexo, la edad, el nivel socioeconómico y el lugar donde viven (Sulmont, 2017). Este enfoque teórico ha sido ampliamente utilizado para explicar el comportamiento electoral no solo de los votantes de Estados Unidos, sino también de otros países. Hasta la fecha, todavía es común referirse a este tipo de variables para predecir e interpretar resultados electorales.

Una variante de este enfoque teórico es el que sitúa al proceso de socialización de las personas como el insumo primordial que ellas utilizan para establecer el mapa mental de las ideas políticas que influyen en su voto. En concreto, se plantea que los vínculos afectivos con una organización partidaria surgen de la estructura social. Por ejemplo, una idea común sobre el elector peruano es que el voto de las regiones del sur es eminentemente contrario al establishment político limeño, por lo cual existiría una afinidad con los vehículos políticos que se muestran como contestatarios o de izquierda.

El tercer paradigma teórico que se ha utilizado para explicar el voto es la teoría del elector racional. Esta señala que el voto no es una mera expresión de las estructuras sociales, sino que los electores deciden su voto sobre la base de la percepción que tienen de los candidatos, el desempeño de los políticos en sus tareas públicas previas y los beneficios que podrían obtener de las promesas hechas en campaña (Sulmont, 2017). Esta aproximación es completamente opuesta a los dos enfoques anteriores ya que le asigna todo el protagonismo al análisis costo-beneficio que las votantes realizan sobre los políticos, ya sea sobre temas muy amplios como el desempeño económico de un país o sobre temas más acotados como la reforma del sistema de pensiones.

A pesar de que los estudios aplicados sobre el voto en el mundo han gravitado alrededor de estas tres aproximaciones teóricas, en las últimas décadas han surgido nuevos enfoques que han centrado su atención ya no en variables ligadas a las estructuras sociales o apegadas a la racionalidad del votante, sino más bien en la psicología interna de las personas y en los atajos mentales que utilizan para decidir su voto. El reciente libro Inside the mind of a voter: a new approach to electoral psychology (Butler & Harrison, 2020) plantea justamente que los estímulos externos como las propuestas de campaña o la percepción sobre las cualidades de los candidatos, así como la manera en cómo está institucionalizado el voto (quiénes votan, voto obligatorio o facultativo, voto universal o voto indirecto, primera o segunda vuelta, etc.) influyen en las diversas expresiones electorales que cada persona exhibe en su desarrollo como un ser votante (homo suffragator). Estas expresiones son tres: el comportamiento electoral, la experiencia electoral y la resolución electoral. Cada una de estas expresiones se relaciona con rasgos característicos de cada votante como su personalidad, su memoria o su identidad. Definitivamente, este enfoque ha girado el compás de los estudios más tradicionales sobre el voto hacia variables que quizá puedan dar otro tipo de explicaciones sobre él.

Siguiendo lo antes planteado, si se detiene a analizar las elecciones mediáticas más recientes del Perú y de otros países, se podría ver que, en efecto, los políticos que obtuvieron mayor respaldo fueron los que adecuaron sus mensajes de campaña en función al mapa mental de los votantes y se presentaron a sí mismos como afines a sus esquemas de personalidad. En el caso estadounidense, Barack Obama se presentó en el 2008 como un político heterodoxo con un mensaje de esperanza (“Yes we can”) que invitó a que muchas personas confíen en su imagen fresca y lejana a la élite política norteamericana. Desde la otra orilla, Trump más bien apeló al miedo y la ira de las personas que veían en él una oportunidad para revertir el retroceso en las oportunidades de trabajo del estadounidense promedio (“Make America Great Again”). Las revelaciones sobre el caso “Cambridge Analytica” dan cuenta de que, en realidad, la campaña de Trump utilizó los datos de los perfiles en Facebook para enviar mensajes políticos que reafirmasen los miedos o las creencias más conservadores de las personas que todavía no habían decidido su voto, pero que eran muy afines a las propuestas de Trump. Tal parece que la explotación de este tipo de datos que revela la psicología de las personas sumado al uso de técnicas sofisticadas como la inteligencia artificial será el nuevo santo grial de las campañas políticas (BBC, 2018).

Explicaciones sobre el voto peruano contemporáneo

Saber qué hay dentro de la cabeza de los electores es esencial para los científicos sociales y especialmente para los políticos. No se ha escatimado ni tiempo ni dinero en establecer modelos explicativos o métodos de convencimiento que trate de escudriñar los gatilladores que disparan la elección de un candidato por encima de otros. Como ya se ha mencionado, el voto puede estar motivado por una conjunción de razones de distinta índole, pero con interdependencias posibles. Para el caso peruano, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ha publicado recientemente, a la usanza de los estudios norteamericanos, el estudio Electorado y electores en el Perú: un análisis del perfil electoral 2016 (Aragón et. al, 2017). Este libro ha utilizado el método de las encuestas anónimas para conocer cuáles son las razones externas e internas de los electores para decidir su voto y en qué momento lo deciden. Sin perjuicio de ello, esta investigación también ha indagado acerca de los conocimientos de los electores sobre el sistema electoral y sobre la percepción que tienen de la política en general.

Por ejemplo, las principales consideraciones que el elector toma en cuenta para decidir su voto son las propuestas de los candidatos, su nivel educativo, su trayectoria profesional, su equipo técnico y sus antecedentes judiciales. En buena cuenta, el elector peruano valora que los candidatos tengan algo que proponer, que sean instruidos (lo suficiente para llevar a cabo sus propuestas), que su formación profesional tenga congruencia con su carrera y que no tengan problemas con la justicia. Existe entonces la percepción de que una autoridad tiene que ser alguien que pueda entregarles algo mejor a la situación previa de su elección. No se busca a un santo, pero sí se busca alguien que sea probo y, por qué no, exitoso en su quehacer profesional.

En la misma línea sobre la percepción de los electores, resulta importante conocer cuáles son los elementos externos que pueden influir en el voto y que son distintos a lo que los políticos exhiben. De acuerdo con el estudio mencionado, los medios de comunicación y la familia son los principales influenciadores que los electores han considerado para decidir su voto. En realidad, tiene mucho sentido que las personas se apoyen en lo que es más inmediato a ellos como lo que uno ve y escucha en los canales de televisión y lo que dicen sus familiares sobre los políticos y sus propuestas.

Una de las afirmaciones que ha planteado este reporte es algo que es de común entendimiento para todos los electores: el voto se decide al último momento. De los encuestados, el 39% señaló que decidían su voto o el mismo día de la elección (22%) o una semana antes (17%). Si esto es así, ¿cuál es el sentido de que las campañas políticas se extiendan durante meses? Tan solo bastaría con que los políticos se enfoquen en las dos últimas semanas del tramo para aparecerse en entrevistas en todos los medios de comunicación posible. Por más contraintuitivo que parezca, esta prelación de actividades partidarias tiene un solo objetivo: dar a conocer la cara del candidato y el logo del partido por el que postula, habida cuenta que estos dos elementos son los únicos que se muestran en la cédula de votación.

A manera de conclusión, se debe señalar que el voto es un fenómeno complejo que requiere una aproximación multidisciplinaria.  En el contexto actual, la segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Pedro Castillo no solamente se maneja en términos de evaluar racionalmente cada una de sus propuestas, sino, principalmente, en las ideas preconcebidas que tenemos en la cabeza y que asignamos a los candidatos. Por ende, es preciso tener claros todos estos elementos del voto para reconocer que, como toda decisión que tomamos, suele ser una mezcla de emoción y razón.

Referencias

Aragón. J, Encinas. D, Ramírez. T, Incio, J. & Camacho, G. (2017). Electorado y electores en el Perú: un análisis del perfil electoral 2016. Jurado Nacional de Elecciones.

BBC. (2018). 5 claves para entender el escándalo de Cambridge Analytica que hizo que Facebook perdiera US$37.000 millones en un día. BBC Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-43472797

Butler, M., & Harrison, S. (2020). Inside the mind of a voter: A new approach to electoral psychology. Princeton University Press.

Rojas, M. (2018). Nuestra decisión – nuestro voto: Guía para electoras y electores críticos. Fundación Friedrich Ebert.

Sulmont, D. (2017). El elector latinoamericano del Siglo XXI: estudio comparado del comportamiento electoral en Brasil, Chile, México y Perú (Tesis de doctorado). PUCP, Lima.

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