La ideología en la ciencia moderna

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07/12/2018 Brain vector illustration in top view. ESPAÑA EUROPA MADRID SALUD GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / ILYA OKTYABR

Redactado por Bruno Herrera

Editado por Giuliana Piedra

Hace un tiempo atrás tuve la oportunidad de leer Método experimental para principiantes. Gracias a su precisión y brevedad, pude refrescar mi memoria con respecto al método científico y su entendimiento. Sin embargo, no fue el contenido principal del libro lo que rescaté como más importante, sino el penúltimo capítulo al que el autor llamó Algunas Sugerencias Para Principiantes. En su lista de recomendaciones, Arana (2008) indica:

El fin de la ciencia es conocer la verdad. Cuando esta meta es sustituida por otra de carácter moral, político o religioso, los datos obtenidos habrán dejado de ser científicos … La ortodoxia es anticientífica, especialmente si se limita a las aportaciones de un solo hombre. De ahí que declararse freudiano, darwinista o marxista sea especialmente anticientífico. (p.73-74)

El consejo de Arana inicia con cierta obviedad, pero finaliza con una sentencia contra lo personal. ¿Es que acaso no somos libres de establecer nuestras preferencias científicas? La propuesta del autor es una invitación al cuestionamiento de lo científico de la preferencia. El método científico, después de todo, es una herramienta que demanda un gran sacrificio: el de la perspectiva. Aún cuando no todos estén dispuestos a realizarlo, el dilema no habría de ser muy problemático. Aquellos que opten por el criterio de la subjetividad pueden dar un paso al costado y dejar a los científicos ocuparse de la materia, es decir, la realidad. No obstante, esta realidad resulta mucho más compleja que la propuesta de Arana, y diferentes críticas al desarrollo científico en los últimos tiempos lo demuestran.

Comencemos con una manifestación de dicha realidad. La Asociación Americana de Psicología (APA, por sus siglas en inglés), la cual se presenta como la organización más representativa de la comunidad de psicólogos de EEUU, padece de un sesgo mortal. Una encuesta realizada a 800 psicólogos de este grupo en el 2012 dio cuenta que tan solo 6% de los encuestados se identificaban como “conservadores” (Kazenoff, 2019). La falta de pluralidad ideológica puede explicar su marcada tendencia a apoyar ideas asociadas a la izquierda política, independientemente de si estas tienen un fundamento científico o no. La dedicada defensa de los procedimientos de reasignación sexual en infantes y adolescentes, aún cuando se conocen cada vez más experiencias negativas en torno a la prescripción indiscriminada del tratamiento, son clara muestra de este proceder. Su cerrada posición no contempla, por obra de la voluntad más que de las circunstancias, la presencia de un problema (y correspondiente causa) mucho más complicado de lo que tratamientos hormonales o quirúrgicos puedan solucionar. De esta manera, se puede especular que la APA sustenta su posición en la ideología de sus miembros más que en las estrategias convencionales del conocimiento científico. ¿Hasta qué punto una ciencia puede marchar junto a una ideología y permanecer como ciencia?

Para autores como Paul Feyerabend no hay muchas vueltas en el asunto porque, según su criterio, es necesario que la humanidad acepte que la ciencia, lejos de ser una práctica excepcional, se trata de una ideología más (Feyerabend, 2001). Quizá, en nuestros copiosos esfuerzos por despersonalizar a la ciencia, olvidamos que sigue y seguirá siendo una práctica humana y, por ende, falible. Para contrarrestar el malestar que esta desmitificación pudierarepresentar para la ciencia y la humanidad que depende de ella, Feyerabend precisa que “las ideologías son maravillosas cuando se las usa en compañía de otras ideologías” (Feyerabend, 2001, p. 7). En este sentido, Arana (2008) también aconseja desconfiar del establishment y alienta a investigar con sentido crítico. En otras palabras, ya sean aquellos que prefieren simplificar a la ciencia o los que desean conservar su diferenciación, la sugerencia es clara: no se puede llamar científico a aquello que no se pueda criticar y contrastar.

Con todo, las ideologías que dirigen al desarrollo científico no constituyen un problema grave en sí, sino hasta qué punto su influencia se vuelve tan hegemónica que imposibilita la diversidad y, por último, al método. Según Feyerabend, la ciencia moderna implica la deposición del libre pensamiento, siendo la universidad el lugar donde se le da muerte de manera sistemática (Feyerabend, 2001). Por este motivo, los efectos de este escenario no se limitan a la cháchara epistemológica, sino que tienen un impacto directo en nuestras vidas. Algunos autores consideran que la formación científica tal como se otorga en la actualidad, puede resultar limitante para los estudiantes. Los alumnos de medicina, por ejemplo, podrían estar siendo formados con un sesgo metodológico que los hace incapaces de ver al paciente como un individuo más que como un conjunto de síntomas que demandan solución. En esta línea, la crisis de la ciencia moderna puede haberse extendido también a la investigación médica, en la cual es cada vez más común la publicación de estudios más enfocados en establecer diagnósticos que en la búsqueda de curas y formas de prevención (Cubas et al., 2016).

En definitiva, se debe reconocer la vulnerabilidad de la ciencia a las pasiones y sesgos propios del hombre para mejorar la comprensión de los resultados que obtenemos a través de ella. Por esta razón, es indispensable garantizar un contexto de pluralidad y debate en el que se retomen las raíces filosóficas de los estudios científicos para mejorar la autenticidad de sus resultados. De otro modo, la ciencia corre el riesgo de caer en el limbo de lo irrevocable; esto último significaría un retroceso en dirección a un estadio oscurantista que ya creíamos superado. Arana concluye una guía para principiantes con un consejo que se aplica para todos: ser humilde. Hay belleza en el acierto y también en el error.

Referencias:

Arana, F. (2008). Método experimental para principiantes. Fondo de Cultura Económica.

Cubas, F., Vargas, A., León-Jiménez, F., y Lecanda, J. (2016). ¿La ciencia moderna y la medicina se encuentran en crisis? Revista Medica Herediana, 27(3), 121. https://doi.org/10.20453/rmh.v27i3.2928

Feyerabend, P. (2001). Cómo defender a la sociedad de la ciencia. Polis. Revista Latinoamericana, (1).

Kazenoff, H. (2019). The American Psychological Association Has Lost Its Mind. https://capitalresearch.org/article/the-american-psychological-association-has-lost-its-mind/

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