¿UNA BOMBA DE TIEMPO?

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Editado por Andrea Chumpitazi

El año pasado ocurrieron una serie de protestas extraordinarias en toda la región y, en concreto, cuatro de los cinco países con los que el Perú comparte frontera. Quito, la capital ecuatoriana, se encontraba en estado de desastre fruto del estallido social originado por las medidas del gobierno para reducir el gasto. En Chile ocurrió lo propio tras el reclamo de ciudadanos de mejores condiciones de vida, al igual que en Colombia. En Bolivia la violencia estalló por el reclamo del pueblo en defensa de la democracia, tras el irregular proceso de elecciones que daban como ganador a Evo Morales. Además de estos casos, la violencia también ocurría en las manifestaciones de Honduras, Nicaragua, Venezuela, entre otros.

La pandemia y las medidas restrictivas de los distintos gobiernos contribuyeron, en un primer momento, a apagar la llama de protesta en la región. Sin embargo, esta misma coyuntura y sus consecuencias económicas, sociales y sanitarias han hecho que las protestas hayan vuelto a surgir en países como Chile y Bolivia; de manera extraordinaria en Buenos Aires y en varias ciudades argentinas, ciudad de Panamá y en ciertas zonas de Brasil. Por ejemplo, en Chile, un año después del estallido social del 2019, miles de personas se manifestaron en Santiago nuevamente, lo que conllevó a incidentes aislados y quema de iglesias (BBC, 2020-a). Un caso aún más llamativo es el de Costa Rica, considerado como el país más estable de Centroamérica y uno con los mejores estándares de vida en toda la región. Aquí, desde el 30 de septiembre el país se encuentra envuelto en protestas y con bloqueos de carreteras y puestos fronterizos tras la negativa de la población a la iniciativa del gobierno para negociar un préstamo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) (BBC, 2020-b). 

En los casos anteriormente expuestos es claro que el principal detonante del estallido social es el detrimento de la situación socioeconómica que ha ocurrido en los distintos países, desde los más pobres como Honduras o Bolivia, hasta los más prósperos como Chile y Costa Rica. La incompetencia de los gobiernos para solucionar los problemas que afligen a la ciudadanía, aparte de medidas ineficientes y la escalada de corrupción en la región son los principales caldos de cultivo para la crisis.

La pregunta que cabe hacernos dada la situación regional expuesta es ¿Por qué el Perú no ha caído en un estallido social de la dimensión del resto de países? El año pasado muchos peruanos se hicieron la misma pregunta, y múltiples motivos salían a la luz. ¿Se podría considerar que el Perú no sufre de los problemas que el resto o qué es lo que está detrás? La respuesta es un rotundo no, de hecho, fue considerado junto con Bolivia y Argentina de los países que más gente participa en protestas por una diversidad de razones (BBC, 2019). No obstante, una serie de motivos podrían explicar que en 2019 no se diera lugar a una convulsión social como en nuestros países vecinos. 

Por un lado, la debacle de la situación política en el Perú pudo ser motivo de protesta y levantamiento en todo el país; sin embargo, el cierre del congreso y la aprehensión de políticos importantes dio la sensación de que las instituciones en el Perú estaban combatiendo la impunidad y sirvió como una válvula de escape para la sociedad civil. Sobre esta última, se puede decir que se encuentra debilitada en comparación a la chilena, ecuatoriana o argentina, pues se cuenta hoy con organizaciones útiles para protestas locales en las diversas regiones, pero no de una red con la capacidad de sostener protestas de larga duración por varias partes del país simultáneamente (BBC; 2019). 

Además, en 2019 se planteaba la hipótesis de la desconexión entre la economía real y el plano político o las decisiones del Estado debido a la informalidad. En el Perú se podría protestar contra un municipio, ministerio o una minera; pero es poco probable una protesta a nivel nacional por la inexistencia de un Estado que imponga restricciones o regulaciones ni que brinde servicios, por lo que desaparece como blanco de protesta (BBC, 2019); en contraste de lo que se puede ver en Ecuador con un Estado que subsidia el combustible o en Chile con uno que se espera que ofrezca buenos servicios. 

Sin embargo, en 2020 la situación se ha tornado diferente. El Estado sí es percibido como el principal responsable por la caída del empleo y de la actividad económica de los diversos sectores productivos. Las restricciones prolongadas a las industrias y a la libre circulación de personas le han costado mucho al Perú, país en el que el trabajo y remuneración diaria es bastante común. 


Este contexto de pérdida de empleos y destrucción de la actividad económica es justo lo que ha ocurrido recientemente en Costa Rica y en Argentina, países que no habían caído en estallidos sociales en 2019. En Costa Rica el desempleo se ha disparado y la economía pasa por uno de sus peores momentos. La ciudadanía se manifestó en contra de la adquisición de deuda con el FMI, pues suponía ventas de activos estatales, congelación de sueldos y aumento temporal de varios impuestos (BBC, 2020-b). Por otro lado, las protestas en Argentina se dieron por el prolongado confinamiento que ocurre en varias ciudades de ese país, así como la cada vez peor situación económica que viene asolando al país desde antes de la pandemia (Deutsche, 2020). Inclusive, en Panamá la población también se levantó tras el reclamo de ayuda económica, medidas laborales e insumos de salud, pues la economía se venía cayendo de forma precipitada y la pandemia en descontrol (Latina, 2020). 

Los casos anteriormente mencionados deberían ser tomados en cuenta por los dirigentes peruanos, pues esta vez no existe la desconexión entre precariedad económica y el rol que se espera del Estado. Esta vez sí hay un rol restrictivo en las actividades estatales que lo vinculan directamente como el responsable de la caída de los indicadores económicos y de la enfermedad, pues hace no mucho fuimos el quinto país con más casos de coronavirus del mundo, que fue justo lo que se buscaba evitar con las restricciones. 

El Perú se encuentra expuesto ante una de las peores condiciones socioeconómicas de su vida republicana. Tanto el gobierno como la sociedad deben hallar mecanismos para solucionar conflictos de forma conjunta y no llegar al punto de un estallido social. Se debe aprender de lo que sucede en otros países y no esperar a que el problema se agudice aún más para recién pensar en una solución de fondo.

Bibliografía

BBC News Mundo. (2020-a). Masivas protestas en Chile por el primer aniversario del estallido social terminan con incidentes aislados y la quema de dos iglesias. BBC News Mundo. Recuperado de https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-54594783 

BBC News Mundo. (2020-b). Las protestas que sacuden desde hace dos semanas Costa Rica, el país ejemplo de estabilidad en Centroamérica. BBC News Mundo. Recuperado de https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-54548326

BBC News Mundo. (2019). ¿Por qué el malestar social en Perú no estalla como en otros países de América Latina? BBC News Mundo. Recuperado de https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-50644745

Deutsche Welle (www.dw.com). (2020). Nuevas protestas en Argentina contra el Gobierno. DW.COM. Recuperado de https://www.dw.com/es/nuevas-protestas-en-argentina-contra-el-gobierno-y-el-confinamiento/a-55251382

Latina, P. (2020). Ecologistas piden al presidente vetar ley de pesca de arrastre. Diario Digital Nuestro País. Recuperado de https://www.elpais.cr/2020/07/24/ola-de-protestas-en-panama-desafia-cuarentena-por-covid-19/

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