Nacemos, somos productivos, ahorramos y ¿sobrevivimos?

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Editado por Raisa Escudero

Un artículo sobre los posibles orígenes de la conducta ahorrativa, el ciclo de vida propuesto por Modigliani y sus predicciones respecto al futuro del ahorro peruano post-pandemia.

¿Naces, creces, te reproduces y mueres? La noción del “ciclo de vida”, desde el punto de vista económico, no es tan simple. El ser humano enfrenta múltiples disyuntivas y retos día a día que, en gran parte, le agregan detalles a su misión en la vida. Desde el punto de vista de la teoría económica, es coherente pensar que cada fase o etapa del ciclo de vida biológico supone cambios en la productividad de los seres humanos. Evidentemente, tal observación ha sido ampliamente investigada por diversos economistas a lo largo de la historia. Consecuencia de ello, existen diversos modelos económicos que nos permiten entender cómo estos cambios en la productividad a lo largo del ciclo de vida de un individuo influyen, por ejemplo, en variables como la conducta ahorrativa ejecutada por éste a lo largo de su vida.

   Probablemente, en algún momento de nuestra vida nos hemos hecho la pregunta: ¿Por qué un individuo desea privarse de una porción de sus ingresos periodo a periodo y  en cambio, piensa en su gasto a futuro? En tal escenario, existen diversos enfoques desde los cuales podemos construir una respuesta. Podríamos recurrir, por ejemplo, a factores un tanto arbitrarios y poco cuantificables como la cultura. Podríamos también recurrir a variables cuantitativas teorizando que simplemente un individuo ahorrará en la medida en que sus ingresos sean superiores a sus gastos. En algunos casos, más de uno puede quedar satisfecho con tales respuestas. Y no hay problema con ello. Sin embargo, en este punto el enfoque brindado por la teoría económica puede simplificarnos la realidad con el objetivo de responder a la pregunta. Así, podemos encontrar argumentos un poco menos arbitrarios; cuantificables e incluso para algunos, sencillos de entender.

   En este contexto, podemos citar el aporte de Franco Modigliani, Premio Nobel de Economía en el año 1985. Tras su publicación de: “Life Cycle, Individual Thrift and the Wealth of Nations” (1986), mostró al mundo académico que; en la estacionalidad, el ratio del stock acumulado de ahorros sobre ingresos totales en una economía, muy por el contrario de depender de factores culturales o de ingresos, dependerá positivamente de la duración del retiro de sus individuos. Interprétese al concepto “duración del retiro” como los años de vida existentes entre la jubilación y el deceso. En la construcción de la idea, consideremos al término “ahorro” como una conducta de flujo sucedida periodo a periodo y a “riqueza” como el stock de ahorros acumulados por un individuo en un determinado momento del tiempo. De este modo, podemos deducir que, para un mismo corte temporal, diferencias en el stock de riqueza entre individuos se deberá, de manera simplificada, a una distinta conducta ahorrativa practicada por los mismos durante los periodos anteriores.

   Tomando en cuenta las observaciones del modelo propuesto, tal diferencia en la conducta ahorrativa de los individuos periodo a periodo se deberá al factor “duración del retiro” mencionado líneas arriba (Modigliani, 1986). En consecuencia, se infiere que en la medida en la cual la esperanza de vida de un país sea más alta, sus individuos ahorrarán más. Ello debido a que serán conscientes de que se encontrarán más años en el retiro y que, si desean mantener su consumo a lo largo de esos años, mayor tendrá que ser su stock de ahorros acumulados al momento del retiro.

   Es importante ir más allá, profundizar en el argumento y preguntarnos: ¿Por qué los individuos optan por este comportamiento tan acertado y preventivo? En este punto, me permito realizar cierta inferencia al enfoque de Modigliani. Puedo recurrir en respuesta, desde un punto de vista más personal que académico, a nociones conductuales básicas existentes a lo largo de la historia de la humanidad. Por ejemplo, el instinto de supervivencia y conservación de la especie. Claro está que a lo largo de la historia de la humanidad, las costumbres y la conducta del ser humano han ido cambiando. Sin embargo, es innegable que el instinto de supervivencia y conservación de la especie ha sido adherente a la conducta humana y se mantendrá de la misma forma, probablemente, hasta el fin de los tiempos.

Tal relación entre el instinto de supervivencia y conservación de la especie, y la conducta ahorrativa de los seres humanos puede ser encontrada analizando el argumento inicial de la existencia de cambios en la productividad a lo largo del ciclo de vida. Para fines prácticos, no nos compliquemos el panorama. Podemos pensar en dos etapas en la vida de los seres humanos: una en la cual son productivos en materia de generación de ingresos y otra en la cual, por el contrario, no lo son. Considerando el instinto de supervivencia y conservación de la especie, es coherente pensar que los cambios en la productividad del ser humano a lo largo del ciclo de vida lo incentivarán a pensar en formas de sobrevivir a la inevitable segunda etapa. Ello concuerda con el enfoque propuesto por Modigliani en la medida en la cual la segunda etapa (llámese “el retiro”) es la principal motivación de un individuo hacia la conducta ahorrativa.

   Teóricamente suena bien, pero se debe aterrizar el modelo económico a la actualidad. En este sentido, son interesantes las posibles consecuencias que el ratio riqueza sobre ingresos totales propuesto por Modigliani, 34 años después, nos muestra al momento de analizar la situación mundial actual. Delimitando el tema, es interesante el análisis predictivo que este modelo ofrece en cuanto a los posibles cambios en la conducta ahorrativa que tendrá el Perú en los próximos años. Claro está, cambios conductuales provocados principalmente por la pandemia.

   En una primera instancia, el ratio de acumulación de ahorros sobre ingresos totales de una nación se observa como una función de la duración del retiro de sus individuos. Por ello, incluye dos factores de manera protagónica: La esperanza de vida de un país y los años de productividad en materia de ingresos que sus individuos puedan tener. Llámese al último factor, de manera simplificada, sus años laboralmente activos. Tomando tales consideraciones, en el presente podemos darnos cuenta de lo que sucede con estas variables a nivel tanto mundial como nacional. Y es preocupante.

Un estudio realizado por la Universidad John Hopkins mostró que Perú, a fines de agosto, tuvo la tasa de mortalidad por COVID-19 más alta entre los 20 países más afectados por el virus (BBC, 2020). Y sucede que, más allá de discutir el porqué de nuestro fracaso en materia organizacional al momento de enfrentar la pandemia, debemos concentrarnos en las implicancias que este dato tiene para fines del modelo presentado.

   Desde ya podemos imaginar el impacto que una creciente tasa de mortalidad tiene sobre la esperanza de vida de un país. Y, si aún no estamos convencidos de ello, podemos citar recientes declaraciones del actual presidente de la OMS quien manifestó que, producto de la actual pandemia del COVID-19, nos encontramos presenciando una evidente reducción de la esperanza de vida a nivel mundial (Gestión, 2020). Siguiendo de manera estricta el modelo, el acontecimiento nos conduce a teorizar que los individuos ahorrarán menos dado que su esperanza de vida es menor y, en consecuencia, también lo son sus años de retiro esperados. Pese a ello, no seamos tan pesimistas. Quizá el efecto no se vea de manera inmediata. Más de uno podría decir que llevamos recién un año con este problema y que el próximo será distinto. Esperemos que así sea.

   Intentemos proponer enfoques positivos. Podemos pensar que la cifra a registrarse en cuanto a tasa de mortalidad se refiere el presente año será temporal y que, en definitiva, cuando llegue la tan ansiada vacuna podremos recuperar los niveles de esperanza de vida de años anteriores. Bajo ese enfoque, los números del 2020 sólo serán un mal recuerdo superado. Esperanzador. Sin embargo, el enfoque positivo tiene sentido hasta que notamos, coincidentemente o no, que este no ha sido un buen año para el ahorro. Tal como de alguna forma u otra el modelo predice para casos en los cuales la esperanza de vida disminuye. Por el contrario, ha sido y es un año para el desahorro; considerando el alto nivel de desempleo y, por supuesto, los altos niveles de informalidad que nuestro país presenta. En la actualidad, no cabe duda de que han sido las personas que consideraron en una primera instancia el ahorro quienes se han visto relativamente menos afectadas ante la situación mundial actual.

   Y es que…repitámoslo. No ha sido un buen año para los ahorros. El argumento toma fuerza si consideramos que; además, en países como el nuestro la necesidad de una solución a la crisis utilizando la política monetaria activa ha forzado a los bancos centrales a reducir la tasa de interés a niveles cercanos al 0%. En el caso peruano, es conocida nuestra reducción de la tasa de interés de referencia de 1.25% a 0.25% (Gestión, 2020). En tal contexto, existe una razón más para pensar que, si bien el incentivo al préstamo se ha visto incrementado y ello les da a las empresas un respiro en medio de la crisis, el incentivo al ahorro ha disminuido. Esto, pese a los beneficios que tal política pueda traer consigo en materia de inversión y sostenibilidad del consumo presente, supone un obstáculo más para la conducta ahorrativa en el presente año.

   ¿Causalidad inmediata del planteamiento de Modigliani a lo que acontece actualmente en nuestro país o mera coincidencia? ¿es acaso la reducción de la esperanza de vida un factor significativamente influyente en el desarrollo de la presente recesión económica? En definitiva, la pandemia nos ha dejado en materia de investigación mucho que desarrollar. Lo cierto es que, aparentemente, las condiciones necesarias para que las predicciones del modelo sean efectivas, en cuanto a cambios en la conducta ahorrativa se refiere, se están dando. La reducción de la esperanza de vida, bajo mecanismos directos o indirectos, puede que se encuentre desincentivando a los individuos al ahorro. Si observamos que la esperanza de vida se reduce y; en consecuencia, “necesitarás” sobrevivir menos años, puede que prefieras vivir el presente al máximo y dejar de pensar en ahorrar para el futuro. Algo así como el sonado: “vive al máximo el día a día”. Y sí, vive al máximo el día a día. Sin embargo, no olvidemos que existe un mañana y llegado éste, también debe ser vivido al máximo. Aprovecha tus años de productividad y guarda para el futuro. Al final del día, ten en cuenta que nacemos, somos productivos, ahorramos y, finalmente, sobrevivimos.

Referencias:

Modigliani, F. (1986). Life Cycle, Individual Thrift and the Wealth of Nations. Pittsburgh – Estados Unidos. American Economic Review.

BBC (2020). Coronavirus en Perú: 5 factores que explican por qué es el país con la mayor tasa de mortalidad entre los más afectados por la pandemia. Recuperado de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-53940042

Gestión (2020). OMS: COVID-19 amenaza con reducer esperanza de vida global, tras años de mejora. Recuperado de: https://gestion.pe/mundo/oms-covid-19-amenaza-con-reducir-esperanza-de-vida-global-tras-anos-de-mejora-noticia/

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